Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.La historia la escriben los vencedores, pero la verdad nunca muere con los vencidos
— Bertolt Brecht

Los hechos históricos, en su mayoría, son contados por los vencedores, dejando en un silencio oprimido una versión paralela de lo sucedido.

La historia no se estudia como una secuencia objetiva de hechos cronológicos que abarque todas las partes y actores. En cambio, se narra como un relato parcial y subjetivo, que engrandece y justifica la versión del ganador.

A esto se suma otro filtro: la interpretación de quien la cuenta.

Son escasos los ejemplos de relatos históricos verídicos y objetivos, que integren todas las voces afectadas por un suceso.

Sin embargo, uno de los más ilustres y excepcionales es la tragedia Los persas, escrita por Esquilo, considerado el padre de la tragedia griega.

Un relato desde la mirada del vencido

Esta obra es singular para su época, ya que no recurre a la mitología, sino que retrata un hecho histórico reciente: la derrota de los persas ante los griegos.

Esquilo no solo fue testigo de la batalla, sino que luchó en ella. Sin embargo, en lugar de glorificar el triunfo de su pueblo, elige narrar la historia desde la perspectiva del derrotado.

A diferencia de lo que se esperaría de una obra griega, Los persas no es un canto de victoria, sino una reflexión sobre la devastación de la guerra.

Aunque la obra menciona el castigo de los volátiles dioses, su foco principal es el sufrimiento de los civiles persas, aquellos que no fueron partidarios de la guerra, sino víctimas de las decisiones de un rey caprichoso y arrogante.

Xerxes, el monarca persa, conduce a su pueblo a una guerra de ambición y sucumbe ante el poderío griego. Pero Esquilo no se detiene en la gloria de su propio pueblo, sino que explora la desesperación y el dolor del enemigo vencido.

Es una carta abierta a la reflexión, un llamado de empatía hacia los vencidos, hacia aquellos cuyos hogares fueron invadidos, saqueados y destruidos, cuyas familias fueron desarraigadas, humilladas y asesinadas.

Esquilo nos recuerda que el sufrimiento no distingue bandos.

Perder un hijo es doloroso, sin importar el idioma, la religión o la ideología política.

La historia, una y otra vez, se repite con distintos nombres, distintos territorios y distintas banderas.

Pero el dolor de los vencidos permanece inmutable.

La empatía de Esquilo, un vencedor que se atrevió a dar voz a los derrotados, es un acto de valentía en tiempos convulsionados.

¿Hemos aprendido algo desde entonces?

O simplemente seguimos escuchando la historia de los vencedores, mientras ignoramos el eco de los caídos.

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