
“Nada hay más fuerte en el mundo que la verdadera mansedumbre. Si alguna vez se ha de vencer la violencia, solo será a través de ella”
Cada época ha establecido sus propios márgenes morales, diseñados para que una sociedad pueda distinguir entre lo bueno y lo malo y actuar en consecuencia. Sin embargo, este marco moral no es estático: cambia con el tiempo. Lo que en una era fue aceptado o incluso venerado, hoy puede ser prohibido o considerado aberrante.
Pero no solo el tiempo define los valores de una sociedad, también lo hace la geografía. Cada cultura establece sus propias reglas sobre lo que es aceptable o no, y estas normas determinan el orden social, la jerarquía y las dinámicas de poder dentro de cada comunidad. Entre los conceptos que han experimentado una transformación profunda a lo largo de la historia se encuentran la valentía y el coraje.
La valentía en el pasado: fuerza e imposición
En la antigüedad, un hombre era considerado intrépido si iba a la guerra, si exploraba territorios desconocidos en busca de tesoros, tierras, personas o bienes. La valentía se asociaba a la fuerza bruta y a la conquista.
El hombre valeroso era el que empuñaba un arma y defendía los intereses de su comunidad, el que luchaba cuerpo a cuerpo, imponiendo su hegemonía. El orden se instauraba a través de la violencia, sometiendo a otros pueblos y culturas.
Sin embargo, hoy esa imagen ha cambiado radicalmente. Un hombre que va a la guerra, que recurre a la fuerza antes que a la razón, que impone su voluntad a través de la violencia ya no es un símbolo de valentía, sino de ignorancia. Lo que antes se percibía como coraje, hoy se percibe como cobardía.
Un hombre que somete a otros para obtener poder no es más que un niño con rabieta, exigiendo que el mundo gire a su favor para poder sentirse en calma.
La valentía en el presente: inteligencia y empatía
Hoy, ¿qué hace valiente a un hombre?
Un hombre valiente es el que elige compartir, en el campo intelectual, profesional y personal. Es el que reconoce su lado femenino y lo acepta. El que escucha, debate y respeta las diferencias.
La valentía está en quien deja de lado su egoísmo y su individualidad desmesurada. En quien cuida su entorno y ayuda sin miedo a parecer débil.
Un hombre valiente es un hombre inteligente. Un hombre con principios y valores. Un hombre que no necesita la fuerza para imponer su opinión.
Un hombre verdaderamente valiente es aquel que no teme a la reflexión, ni a la escucha.
Es quien mantiene la lucha lejos de sus aspiraciones.