“Cada hombre toma los límites de su propio campo de visión como los límites del mundo”
Tener el poder de elegir es la base de la libertad y reafirma la autonomía de una persona. Sin embargo, la ventaja o desventaja de una elección siempre está enmarcada en las circunstancias.
El contexto lo es todo. Es lo que da significado—positivo o negativo—a lo que experimentamos. Nadie cree estar haciendo algo malo dentro de su propio modelo de mundo, porque cada individuo actúa según su percepción de la realidad.
Pero, ¿qué sucede cuando dos visiones contrarias se encuentran? Siempre hay una pérdida.
A veces, la pérdida es leve, casi imperceptible, como un cambio de opinión, una idea que se transforma o una creencia que se modifica. Otras veces, la pérdida es profunda y trascendental, una grieta que marca para siempre la vida de quien pierde.
Todo depende del contexto y de desde dónde se mire.
“La verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo”
Tener elección en un contexto de coerción no es una posibilidad real, sino una obligación tácita diseñada para bloquear un comportamiento, una idea o un deseo en favor de la parte dominante. Eso no es elegir, es imponer. Es abusar de una posición de poder, dejando al otro sin alternativas reales.
Pedir a alguien que elija en contra de su voluntad es anular su intención y quebrar su libertad. Sea correcta o equivocada, su elección le pertenece.
Si la elección de otro te lastima reiteradamente, no es tu misión cambiarlo. Sal de ahí, ya sea emocional, físicamente o ambas. Reafirmas tu libertad cuando la decisión de alejarte nace de ti, cuando no es impuesta por el otro, sino elegida por ti.
Cuando esperas que alguien cambie para tu bienestar, el alivio siempre será temporal. Forzar un cambio externo solo pospone lo inevitable. Nadie puede sostener una transformación impuesta. Tarde o temprano, su verdadera intención se revelará.
Ningún cambio que exijas fuera de ti te traerá tranquilidad por mucho tiempo. Vivirás bajo la sombra de la incertidumbre, esperando que el otro se mantenga en un molde que no le pertenece, en lugar de vivir bajo la certeza de una elección propia.